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Tu cuerpo es una máquina perfectamente diseñada. Es igual que un coche necesita gasolina. Tus células también funcionan con gasolina y, al igual que un coche, es importante darles el combustible correcto para que tengan un funcionamiento óptimo. Llámalo combustible, comida o nutrientes, pero la energía viene de lo que comes. Hace que todo lo que realices, pienses, digas, sientas o desees, sea posible. La comida hace posible que te mantengas con vida. Pero ¿entiendes la diferencia entre alimentos reales, que dan vida, y los alimentos procesados, que tienen casi tantos nutrientes como el envoltorio de plástico en el que vienen envueltos?. ¿Sabes cómo tu sistema extrae los nutrientes de la comida y cómo tu cuerpo los convierte en energía? ¿Sabes que es el glucógeno y su función en tu cuerpo? ¿Sabes que los carbohidratos son básicos para el sistema energético de tu cuerpo? ¿Qué la mayor parte de la digestión se hace en el intestino delgado, no en el estómago? ¿Qué necesitas comer las cantidades adecuadas del tipo concreto de grasa si quieres mantenerte sano/a?

Pueden parecer temas de los que no necesitas preocuparte; pueden sonar muy científicos o quizás demasiadas instrucciones. Pero a lo largo de la historia humana esta información -cómo alimentarnos para mantenernos vivos- ha sido más útil para nuestra especie que la invención de la pólvora, las naves espaciales o el teléfono móvil.

Hace miles de años la supervivencia humana dependía de la generosidad de la naturaleza y de nuestra habilidad para cazar animales y cosechar plantas. Como cazadores-recolectores se necesitaba de un conocimiento sofisticado de qué raíces y frutos eran seguros y cuáles eran venenosos. Se pasaban mucho tiempo para seguir la pista y matar bestias más poderosas que nosotros y, probablemente, más tiempo asegurando que siempre hubiera cerca una fuente de agua potable.

En la actualidad, aunque vivimos en una sociedad que caza y acumula comida que necesita calentarse en el microondas en vez de lanzar flechas a búfalos, aún somos cazadores y recolectores. El problema es que estamos cazando y recolectando comida procesada, porque aunque somos humanos modernos con calefacción central en nuestras cuevas, y una gran abundancia de comidas listas en las cafeterías y bares, aún somos humanos. Podemos pedir un taxi con una simple aplicación en el móvil pero tenemos las mismas necesidades nutricionales que quienes descubrieron el fuego frotando dos piedras. Además, tenemos el mismo objetivo en la vida: encontrar comida.

Si nos detenemos a pensar un instante, la mayor parte de nuestras vidas giran en torno a encontrar comida. No estás cazando con flechas en medio del campo, pero cuando eras un niño/a aprendiste a usar tenedor para comer. Aprendiste a hablar para pedir comida (una primera palabra común en los bebés es “más”). Después, aprendiste matemáticas para contar el dinero con el cual comprar alimentos. Obtuviste una educación que te permitió tener un trabajo que te facilita dinero para cumplir con las necesidades de tu vida…y con eso quiero decir comida. Todo lo que sabes y has aprendido regresa al núcleo de nuestra vida: comida.

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Así que queda claro que saber que alimentos consumir y cuáles evitar debe ser tan básico como atar tus zapatos, lavar tus dientes y decir el abecedario. Pero de modo sorprendente, parece que es de lo que menos sabemos.

En las décadas pasadas con la llegada de alimentos procesados, los humanos empezaron a atacarse de bombas envueltas de grasas, azúcar y sal, en vez de comer alimentos saludables en las cantidades adecuadas. El resultado: demasiadas personas se pasan los días consumiendo alimentos que les dan náuseas, las hinchan, las aletargan; alimentos que les hacen pesar más y dejan marcas en su piel; comida que causa dolores de cabeza y acidez; que  provoca ganas de ir al baño corriendo.

Pero aún es que el resultado de todas estas comidas dañinas es una población creciente de gente enferma e infeliz que ni siquiera sabe lo que come le está dañando, es más; ¡ni siquiera está comiendo comida! Solo porque puedas meterte algo en la boca, masticarlo, tragarlo y defecarlo después, no significa que sea comida. Solo significa que puedes masticarlo, tragarlo y defecarlo.

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Hasta que no aprendamos cómo funcionamos en cuanto animales humanos, seguiremos enfermando. Y la parte más alarmante es que los síntomas de los que hablo (hinchazón, acidez, problemas de piel, etc…) son manifestaciones de problemas muchos más grandes, del tipo de enfermedades que pueden matarnos y que, de hecho, nos matan a un ritmo alarmante. El mundo se enfrenta a una crisis de obesidad tanto en adultos como en niños que han llegado a proporciones epidémicas.

La obesidad y sus enfermedades cercanas son mortales. Nuestra generación atestigua un profundo cambio en la forma en la que los seres humanos viven en el planeta: por primera vez en la historia más gente muere por problemas relacionados con el exceso de comida que por la falta de ella. Que paradoja ¿Verdad? Vivimos en un mundo en el que podemos abastecer a toda la población pero en lugar de ello, hay personas que comen en exceso y a otras les falta comida en grandes cantidades.

A lo largo de la historia los periodos de esperanza de vida han aumentado lenta y constantemente. Si fueras una persona veinteañera viviendo en 1770, podrías vivir unos diez o veinte años más. En la actualidad, una persona de 20 años espera vivir otros cincuenta o sesenta años más…si está sana. Pero la obesidad amenaza con cambiar el incremento de esperanza de vida que se ha acumulado y dar pasos hacia atrás.

Por primera vez en la historia (sin contar las guerras y las plagas) nuestra esperanza de vida está acortándose, no alargándose. La calidad y la cantidad de la comida que consumimos en la alimentación occidental está causándonos la muerte. ¡Es una locura! ¿Por qué estamos usando la comida para matarnos, en vez de darle su verdadero propósito: mantenernos vivos y sanos?

Nuestro mundo actual está construido alrededor de la idea de la comodidad.

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Hoy en día, la responsabilidad de alimentar a la raza humana está dividida entre gente que cultiva todos esos nutrientes dejándonos al resto libres para perseguir nuestros placeres y objetivos, para los cuales no tendríamos tiempo si tuviéramos que cosechar nuestra propia comida. Esa es la parte buena del asunto. La parte mala es que conforme creamos más comodidad en nuestra vida, dándole a otros la responsabilidad de nuestra comida, perdemos el conocimiento, la preocupación y la responsabilidad de nuestra propia nutrición. La hemos subcontratado. Hipócrates, el padre de la medicina occidental dijo: “Dejen que la comida sea su medicina, y la medicina su comida”. Y lo dijo hace más de dos mil quinientos años; pero, de alguna manera, a través de los siglos, conforme nos hicimos más inteligentes en cosas como tecnología, transportes y trabajos mecánicos, nos volvimos ignorantes respecto a lo que nos mantiene vivo.

Mira a tu alrededor, estamos inundados de comida. Restaurantes en cada esquina, alimentos procesados en todas las baldas del súper, comida en las gasolineras.

Hemos llegado a creer que más es mejor cuando se trata de comida, desde comprar todo envasado   en los supermercados hasta las ofertas de 3X2. Es entendible que nos atraiga el “más”, después de todo, como cazadores recolectores, tener más era el objetivo. Pero ahora vivimos en una cultura de excesos, no de carencias. Y todo eso de que nos da más nos deja con menos en otros aspectos: nutrientes. ¡Vivimos en cuerpos sobrealimentados y malnutridos! Es en serio: puedes comer en abundancia y estar mal nutrido si lo que comes no te provee de nutrientes o no ofrece nutrición.

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Aprender la información correcta es como romper las cadenas. En Be Fit Now encontrarás información de por qué algunos alimentos dan energía a tu cuerpo a lo largo del día y por qué otros te dejan exhausto/a antes de comer. Aquí aprenderéis a tomar las mejores decisiones alimentarias según vuestro tiempo, dinero y ambiente.

Quiero sentirme bien por dentro y por fuera, por eso el único “más” que quiero en mi vida es “más nutrición”.

#teambefitnow

 

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