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Michael, hijo de James y Deloris Jordan, nació en Brooklyn, Nueva York. Su familia se mudó a Wilmington , Carolina

del Norte, cuando él era joven, y con sus cuatro hermanos, Jordan fue a la Ogden Elementary School, y más tarde a

Trash Junior High School. Posteriormente asistió al Instituto Emsley A. Laney, donde, debido a sus impresionantes

condiciones atléticas, jugó al baloncesto, béisbol y fútbol americano. Sin embargo, fue apartado del equipo de

baloncesto en su segundo año porque para su altura (1,80 metros) estaba supuestamente subdesarrollado. Al verano

siguiente, Jordan creció 10 centímetros y se entrenó rigurosamente. En su año senior en Laney High, promedió un

triple-doble: 29,2 puntos, 11,6 rebotes y 10,1 asistencias, y fue seleccionado en el McDonald’s All-American Team.

Jordan recibió una beca para jugar al baloncesto en la Universidad de North Carolina, donde se especializó en

geografía. En su primer año fue entrenado por el mítico Dean Smith, y fue nombrado el mejor jugador de primer año

de la temporada (ACC Freshman of the Year), promediando 13,4 puntos por partido con un 53,4% en tiros de

campo.Por entonces, Jordan era prácticamente un jugador dominante en la pista aunque, aún así, los Tar Heels no

estaban liderados por él, sino por James Worthy, futuro integrante del Salón de la Fama. En la final de la NCAA de

1982 ante Georgetown Hoyas, Jordan dio la victoria a los Tar Heels con una canasta de dos puntos en suspensión a

escasos segundos del final para llevarse el campeonato, el primer éxito en su impecable carrera profesional. En el

equipo rival se encontraba el pívot Patrick Ewing, futuro jugador de New York Knicks que asistiría, aunque en distinto

bando, a noches mágicas en el Madison Square Garden. Tras ganar el premio al mejor jugador universitario del año

(Naismith College Player of the Year) y el Premio John R. Wooden en 1984, abandonó la universidad para presentarse

al Draft de ese mismo año. Houston Rockets, y sobre todo Portland Trail Blazers, que eligieron a Hakeem Olajuwon y

Sam Bowie, respectivamente, dejaron pasar la oportunidad de incorporar en sus filas a uno de los mejores deportistas

de la historia, al llevarse Chicago Bulls el gato al agua. Jordan regresaría en 1986 a la universidad para graduarse

definitivamente.

Lo más cercano que se ha visto en la cancha de baloncesto a una deidad ha sido a Michael Jordan, como señaló en su momento

un impresionado Larry Bird. El legado del escolta no se puede entender con la simple observación del magnífico

palmarés que acumuló en una carrera plagada de interrupciones voluntarias. Las estadísticas le colocan muy arriba,

pero la dimensión de su grandeza sólo se advierte de verdad viendo alguna de sus exhibiciones, su manera de dominar

cada aspecto del partido, de resolver en cualquier situación. Jordan puede ser el autor del mejor manual para ganadores

escrito nunca en el deporte.

Yo fui uno de tantos chicos que creció transnochando para ver a los Bulls ir ganando, uno tras otro, seis anillos de campeón

de la NBA. Aún sigo haciendolo. La adicción era ver jugar a Michael Jordan, pero no sólo Jordan. Ese equipo era el mejor en

todos los aspectos, empezando por su entrenador Phil Jackson, pasando por estrellas de la talla de Pippen, Rodman Grant

y cerrando el círculo con unos secundarios de lujo como Harper, Cartwright, Armstrong, Kerr, Kukoc, etc. Nadie jugó ni dominó

tanto en el baloncesto u otro deporte como los Bulls de Jordan, ni si quiera mis admirados Lakers del “Showtime” con Magic,

Worthy y Abdul-Jabbar. Analizando tranquilamente la dimensión de aquel equipo puede medirse, por ejemplo,

en la cantidad de jugadores legendarios en su mayoría Hall of Famers a los que dejó en una retirada sin anillos NBA.

Malone, Stockton, Barkley, Miller, Ewing o Wilkins son algunos de los damnificados de aquella “máquina roja”, de la

perfección hecha baloncesto, del mejor equipo rodeando al mejor jugador.Los Chicago Bulls son la mayor dinastia de la historia

de la NBA. Por que la competitividad media del baloncesto moderno es sensiblemente mayor que la del antiguo, porque conjuntos

como los mejores Celtics o los primeros Lakers de Mikan disputaban ligas con muchos menos competidores (competiciones

formadas incluso por sólo ocho equipos).

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Además, jamás fueron derrotados en unas finales, disfrutaron del mejor jugador de todos los tiempos y contaron con el entrenador

más laureado de toda la historia de la NBA, Phil Jackson. Aquellos Bulls no “compraron” estrellas (practica habitual en

la mayoria de las otras dinastias) para reunir varias figuras en el mismo vestuario y allanar así su camino hacia el título.

Actuaron como se supone que dice el manual de la NBA; creciendo desde lo más bajo, confiando en los jóvenes que habían

drafteado, evolucionando año tras año. Su éxito es, sencillamente, espectacular.

La historia de Michael Jordan como dice Antoni Daimel está repleta de pequeñas piezas sin las que es imposible explicar la

historia del “23“.

El draft de 1984 llevó a un delgado escolta procedente de los “Tar Heels” de Carolina del Norte a unos Chicago Bulls que

invirtieron en él su “pick” del draft (3º), con la intención de fabricar un equipo aspirante al anillo. Ninguno de los

implicados, seguramente ni siquiera el propio Jordan, eran conscientes entonces de la dimensión que alcanzarían los Bulls

en unos años después debido a aquella decisión, a ese detalle rutinario, tradición anual en la NBA. Cada uno de los “lottery

picks” se firma con la esperanza de que oculte el premio ganador, pero la cantidad de posibilidades de acierto es mínima.

Michael Jordan sí acabó siendo un elemento dinamizador incomparable. A su alrededor se fueron encajando piezas, jóvenes

o veteranas, siempre complementarias y con un objetivo muy claro, la gloria. Con paciencia, porque los Bulls no eran maquinarias

como Celtics o Lakers, capaces de atraer a varias estrellas para elaborar procesos de reconstrucción exprés. Jordan encarna el ideal

de igualdad entre los participantes que abandera la NBA. Un equipo deprimido tiene la opción de escoger entre los mejores talentos

del país para mejorar su competitividad, acierta, desarrolla su talento, le acompaña y acaba recogiendo sus frutos. “AIR” hizo el

trabajo, pero cabe destacar que los Bulls supieron cómo cuidarle y aprovechar sus cualidades. Algo que muchas veces no ocurre.

Ahora no se recuerda pero los Bulls navegaron durante mucho tiempo por aguas revueltas sembradas de dudas, les costó

encontrar su rumbo. Porque el inmediato impacto de Jordan tuvo su parte buena en cuanto a la explosión de ilusión

que provocó, y su parte negativa fue el desmesurado crecimiento de las expectativas en torno a unos Bulls muy verdes

en su mayor parte. La segunda mitad de los ochenta fue dura para el conjunto de Chicago, al que se pedía un esfuerzo

para que Jordan estuviera mejor acompañado y pudiera competir con Pistons, Celtics o Lakers.

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Los dirigentes de los Bulls apostaron por un modelo basado en la lógica, confiar en talentos como Pippen,

como Grant, como Amstrong, y retocar el equipo sólo en las posiciones necesarias. Se confiaba ciegamente en

las cualidades de ganador de Jordan. Y acertaron de pleno. Justo cuando más críticas estaban recibiendo y coincidiendo

con la madurez de un núcleo de jugadores fuerte y definido, y con el ascenso de un técnico jóven y de métodos

novedosos, comenzaron a llegar los éxitos. Muchos no recuerdan lo que costó a aquel fantástico equipo

dar un importante golpe al “establishment” de la NBA,especialmente superar a aquellos durísimos “Bad Boys” de Detroit 

que formaban Joe Dumars, Isiah Thomas Dennis Rodman (antes de acabar en los Bulls con Jordan y Pippen).

De la historia sólo se suele recordar lo positivo, pero aquel equipo sufrió muchas decepciones, fraguando así

un carácter mas decidido a pelear por el título. Tres años y tres campeonatos. Primer ciclo mágico entre octubre

del 90 y junio del 93, el primer “Three-Peat“. Fue la primera era, la de la consolidación de un Jordan imparable en

ataque y feroz en defensa, la del polivalente hasta el extremo Pippen, la del joven príncipe Grant bajo los aros, la del casi

infalible Paxon tirando desde fuera y dirigiendo, mientras el eléctrico B.J. Amstrong le iba comiendo terreno,

la de obreros como Cartwrigth, en la que conocimos el “triángulo mágico” ideado por Winter y aplicado

con maestría por Phil Jackson. “Air” poco después de ganar su tercer anillo con los Bulls,

se encontraba en un momento personal y profesional muy complejo. Su padre había muerto hace muy poco,y su pérdida

afectó al “23”, que también acusaba una evidente falta de motivación tras dominar la NBA sin contestación durante tres

años seguidos.

Jordan anunció su retirada y se dedicó a jugar al beisbol, su sueño de juventud, en ligas menores, en parte como homenaje

a su padre.

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La temporada 1994-95 comenzó con una gran noticia. El viejo Chicago Stadium fue reemplazado por el moderno

y actual United Center, nuevo hogar de los Bulls. En lo deportivo hicieron grandes incorporaciones; Ron Harper,

Steve Kerr, Luc Longley y Bill Wennington. Pippen seguía ejerciendo de figura y respondía, pero el 18 de marzo y

tras un mar de rumores, Michael “Air” Jordan acudió a una rueda de prensa para pronunciar las palabras

que todos esperaban: “I´M BACK”. “Air” estaba de nuevo en casa, y para dejar claro que retenía su grandeza

tardó sólo 10 días en anotar 55 puntos en el Madison Square Garden ante los Knicks.

De nuevo el equipo cayó en segunda ronda, por segundo año consecutivo tras el parentesis de Jordan, destrozados por un joven

Shaquille O´neal, Penny Hardaway y otros jovenes de Orlando Magic. Muchos vieron en la derrota un inevitable fin

de ciclo y el ocaso de Jordan y sus compañeros. Pero aquel fracaso tuvo el efecto contrario; espoleó al “23” y a

todos sus compañeros.Aquel fracaso los motivó más que nunca. Sin saberlo habían vuelto a despertar a la “bestia”.

1995-96, el año de los records; 72 victorias y sólo 10 derrotas. Ningún equipo había alcanzado antes, ni lo ha hecho

después,una marca tan espectacular como la que lograron los Bulls de Jordan en esta temporada. Fue el año del “retorno del rey”,

de la llegada de Rodman y, probablemente del mejor equipo que ha visto la historia de la NBA.

La perfección en el deporte es un ideal inalcanzable, una verdadera utopía. Pero si hubiera que elegir a un equipo en toda la historia

del baloncesto qué al menos la rozó, esos serían los Bulls del 96. Aquel equipo liderado por el “23” rompió un buen

número de records en una temporada para el recuerdo, pero con uno sólo se demuestra su dominio aterrador;

acabaron con una marca de 72-10,una marca inalcanzable aún hoy en día en la NBA.El equipo era el mismo

que sucumbió ante los Magic de O´neal en los “Playoffs” de la conferencia este del 95.

Sólo había una diferencia qué a muchos les pareció un suicidio pero que acabó siendo un gran acierto histórico.

Los Bulls transpasaron a los San Antonio Spurs a Will Perdue a cambio de Dennis “el gusano” Rodman. El problema de Rodman

era su terrible carácter y un interminable historial de excentricidades y faltas de profesionalidad.

Pero la combinación de paternalismo libertario de Jackson fuera de la cancha y de exigencia militar de Jordan dentro

de ella funcionaron con Rodman que apenas dio problemas sin contar pequeñas excepciones.

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Así se añadió a un equipazo una de las pocas piezas que podía mejorarlo; el mejor defensor de la NBA.

Michael Jordan se pasó todo el verano del 95 machacándose para volver a dominar la liga como antes de su retirada, y su disciplina

espartana se dejó notar desde el primer día. El mejor jugador de basket había vuelto,

y estaba mejor rodeado que nunca en cualquier otro momento de su carrera ( a excepción del “Dream Team”).

Phill Jackson en su libro “Once anillos” dice que el secreto de los Bulls de la temporada 95-96, se debe a tres avances.

“El primer avance fue un cambio de visión. Tras perder ante Orlando en los play-offs de 1995, me di cuenta de que

necesitábamos volver a imaginar la manera en la que empleabámos a nuestros hombres pequeños. A mediados de la década de

los 90, la mayoría de los equipos contaban con bases bajos. El dogma de la NBA sostenía que, a menos que pudieses

encontrar a otro Magic Johnson, la mejor estrategia consistía en situar hombres bajos como bases para mantener

el ritmo de los creadores veloces y menudos que por aquel entonces dominaba en la Liga.

Tras ver a Scottie Pippen en esa posición, había aprendido que poner de base a un jugador de dos metros

con una envergadura extraordinariamente larga creaba toda clase de posibilidades fascinantes.

El segundo avance fue la incorporación de Rodman a los Bulls. Y el tercer avance decisivo fue la nueva actitud de Michael ante el liderazgo.

Durante la primera serie de campeonatos, Jordan había liderado principalmente con el ejemplo, tras perder

contra Orlando, se dio cuenta de que necesitaba hacer algo espectacularmente distinto para motivar al equipo.

Limitarse a clavar la mirada en sus compañeros y esperar que fuesen como él ya no daba resultado.

Fomenté que Michael trabajase más estrechamente con George Mumford. En opinión de George, Jordan necesitaba transformar su

perspectiva del liderazgo.

<<Todo consiste en estar presente y en asumir la responsabilidad acerca de cómo te relacionas contigo mismo y con

los otros afirma George.Eso significa estar dispuesto a adaptarse para reunirte con los demás donde están.

En vez de esperar que se sitúen en otra parte,enfadarte y por la mera voluntad intentar llevarlos a ese sitio, trata

de encontrarlos donde están y liderarlos hasta el lugar al que quieres que vayan>>. Así fue como Michael

adoptó un nuevo modo de liderazgo a partir de lo que funcionaba mejor con cada jugador.

Los Bulls arrasaron en los premios individuales que otorga anualmente la NBA. Jordan unió a su MVP del “AllStar” el MVP de la

liga regular,el octavo título de máximo anotador de la liga, el MVP de la finales y fue incluido en el mejor

quinteto defensivo de la temporada junto a Pippen y Rodman. Phil Jackson se llevó el premio al entrenador del año,

Jerry Krause el de mejor ejecutivo del año.

Además Rodman ganó su quinto título de máximo reboteador del campeonato y Kukoc fue nombrado

el mejor 6º hombre.

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La temporada 1996/97, temporada en que la NBA celebraba 50 años de vida, Jordan y los demás no defraudaron no rozaron la

perfección de la pasada temporada, pero llegaron cerca de mejorar la anterior, ya que estubieron

intratables con un record de 69 victorias y 13 derrotas, incluyendo de 41 partidos en el United Center sólo dos derrotas.

En las finales contra los Utah Jazz de Karl Malone y John Stockton, tuvo lugar una nueva heroica de “Air”.

Incluso enfermo, Jordan dejó para los anales uno de los partidos más completos que se recuerdan, apodado por los fans

the flu game“, el partido de la gripe.Sus 38 puntos resultaron decisivos para la victoria de Chicago, y la imagen de Pippen

ayudándolo a marcharse del parqué es una de las más recordadas en la carrera del “23”. Jordan jugó más de lo

recomendado en su estado de salud, y acabó exhausto. Pero sus hazañas no acabarían en ese decisivo quinto partido.

Porque en el sexto y con la serie ya de vuelta en el United Center y ya plenamente recuperado, aún se superó más a si mismo. Jordan

acabó con 39 puntos y 11 rebotes y protagonizó la jugada crucial del choque y de la serie, incluso sin

ser él quién anotó la canasta.Jordan a falta de 26 segundos para el final del encuentro, y en un tiempo muerto,

siendo consciente de que los Jazz le harían un “dos contra uno” avisó aSteve Kerr para que estuviera atento en el caso de que eso

sucediera.

Los Bulls sacaron de banda, el balón llego a las manos de Jordan e, inmediatamente,tenia a dos defensores encima.

Pero aún le quedaba un último as en la manga. Viendo a Kerr abierto, “Air” lo asistió para que

éste se jugara un largo lanzamiento y se convirtiera en el héroe de la noche, permitiendo a Chicago alzarse

con su segundo “back to back” y su quinto anillo de campeón.

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Los Bulls sumaban su quinto anillo en siete temporadas confirmando así su condición de gran dinastia del baloncesto moderno.

El último baile. Esa era la frase que se leía en los cuadernos que Phil Jackson entregó a sus jugadores el primer día de “training

camp” de la temporada 1997/98.

El entrenador anunciaba así que se retiraba, y también Michael Jordan, el gran artífice de la dominación de los Bulls en la última

década.Ante un inevitable cambio de ciclo, la plantilla quería aprovechar lo que quedara de los buenos tiempos todo lo que

pudiera, para cerrándola incluso por segunda vez con un tercer título consecutivo que sería histótico.

Chicago acabó con un balance de 62 victorias y 20 derrtotas, Jordan y Rodman lideraron por décima y séptima vez,

respectivamente,las clasificaciones de puntos y rebotes, y el escolta recibió su quinto MVP.

Su rival serían, otra vez, unos Jazz que habían completado una “regular season” hasta mejor que la anterior, la de su

primera participación en las Finales de la NBA, igualando el récord de 62-20 de los Bulls

y asegurándose la ventaja de campo al haberse vengado de Jordan y los suyos y haber ganado los dos enfrentamientos

de la liga regular.

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La confianza de los pupilos de Jerry Sloan era muy alta, más aun tras humillar con un contundente 4-0 a los Lakers de

Shaquille O´neal y un joven Kobe Bryant en la final de la conferencia Oeste.

La eliminatoria empezó mal para Jordan y los suyos era la primera vez desde 1991 que los Bulls empezaban perdiendo

las Finales, aunque darían la vuelta a la situación.

El sexto y crucial encuentro dejaría alguna de las imágenes más imperecederas de la historia de la NBA. Como había

ocurrido en todos los partidos anteriores, y en las Finales de 1997, Jordan era defendido por Byron Russell, que tenía

la difícil tarea de evitar que el “23” se marcara una exhibición ofensiva y llevara a los Bulls a la victoria. Los Jazz no

querían perder otra vez el anillo ante Chicago, y mucho menos en su casa, pero en aquella Final se esfumarían las

posibilidades de que Stockton y Malone lograran alguna vez ser campeones de la NBA.

“El último tiro”. Son los segundos finales del sexto partido de las Finales en el Delta Center de Salt Lake City.

Los Jazz ganaban 86-85 y tienen la posesión para forzar el séptimo.De repente, Michael Jordan le roba

el balón a Karl Malone, sale corriendo hacia la canasta contraria seguido de cerca por Byron Russell, hace un amago

de penetración justo en la línea de triple, Russell pierde pie y resbala. Jordan se levanta y lanza. A falta de 5,2 segundos

para el final, el balón entra limpiamente en el aro, dejando el partido y el sexto anillo de campeón a los Bulls. Esta canasta,

la última que “MJ” logró con Chicago, fue votada por los hinchas como el mejor momento en la historia de los “Playoffs”.

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Con aquellos dos puntos se echaba el cierre a la mejor época de Chicago y del propio Jordan, y el sexto anillo, conseguido

gracias a dos “three-peats“, llevaba a los periodistas y a los fans a preguntarse qué habría pasado si Jordan

no se hubiera retirado brevemente en 1993. ¿Habrían emulado los Bulls a aquellos Celtics entrenados por Red Auerbach

y habrían ganado ocho campeonatos consecutivos?

Tras el sexto anillo, muchas cosas cambiaron en los Bulls. Phil Jackson, decidió dejar de entrenar tras sus diferencias con

la franquicia (aunque sólo tardó un año en volver a la actividad en Los Lakers), y Michael Jordan siguió los pasos del

entrenador que mejor rendimiento le había sacado, empujado además por la cercana perspectiva de un “lockout”.

Fue entonces cuando el general manager Jerry Krause y Jerry Reinsdorf tomaron la dificil decisión de acabar con el

legado del equipo en vez de retocarlo y asumir un declive inevitable. Transpasaron a Pippen, no ofrecieron la

extensión a Rodman, se deshicieron de Longley y Kerr a cambio de elecciones de draft.

Desde entonces y hasta hace bien poco, los Bulls no han encontrado una senda en medio de la selva de la NBA que les

devuelva a los éxitos. Pero como si se vieran afectados por una extraña maldición, no han cumplido con las expectativas

prácticamente en ningún momento, aunque en los últimos años se ha ido fabricando pieza a pieza un conjunto joven e

ilusionante que ya visitó las Finales de conferencia y sigue un camino muy parecido aquellos primeros Bulls de Jordan

en los años ochenta.Sólo que ellos no tienen a Jordan, y esa es una diferencia fundamental.

En una rueda de prensa el 10 de septiembre de 2001, insinuó su reaparición, pero negó los rumores sobre su vuelta el

mes anterior. El 25 de septiembre, anunció su segunda vuelta a la NBA, además de afirmar que donaría su sueldo a las

víctimas del atentado del 11 de septiembre. Aunque físicamente no era el mismo de antaño y pese a las lesiones que lo

limitaron continuamente durante la temporada, los promedios de Jordan no fueron nada malos: 22,9 puntos por

partido, 5,2 rebotes y 1,42 robos de balón, liderando a los jóvenes Wizards a un paso de disputar la postemporada a

pesar del flojo equipo con el que contaban. Además, los 41 partidos disputados por Jordan en el MCI Center fueron un

lleno absoluto, así como en cada pabellón durante los dos años que vistió la camiseta de los Wizards. También ayudó a

una formidable racha de nueve partidos consecutivos ganados, desde el 6 de diciembre al 26 del mismo mes, y durante

un breve tiempo se habló de él como candidato al MVP. El 29 de diciembre anotó 51 puntos en la victoria ante

Charlotte Hornets en casa. Debido a las lesiones, sólo pudo jugar 60 de los 82 encuentros de la temporada regular. Tras

jugar su 14º All-Star Game, superó a Kareem Abdul-Jabbar en la tabla de anotadores en la historia del All-Star. La

temporada 2002-03 fue anunciada desde el principio como la última y definitiva, esta vez sí, de Michael Jordan, y no

decepcionó. Esa campaña fue el único jugador de Washington en disputar todos los encuentros de la temporada

regular, siendo titular en 67 de ellos. Promedió 20,0 puntos, 6,1 rebotes, 3,8 asistencias y 1,5 robos por partido. A la

edad de 40 años, anotó 20 o más puntos en 42 ocasiones, 30 o más en nueve. y 40 o más en tres.

El 21 de febrero de 2003, Jordan se convirtió en el primer jugador de la NBA en anotar 40 o más puntos con 40 años,

en la victoria de los Wizards ante los Nets en el MCI Center con 43 puntos de Michael. Los números de asistencia del

público descendieron un poco ese año, aunque aún así los Wizards estaban en un promedio de 20 173 espectadores en

el MCI Center, y 19 311 fuera de casa. El único “pero” era la ausencia de partidos de playoffs en esos dos años.

Reconociendo que sería el último año de Jordan como jugador de la NBA, hubo homenajes en casi todos los pabellones

de la liga. En su último partido en Chicago, el público del United Center le dio una ovación tan grande que el propio

Jordan tuvo que interrumpirla, dando un discurso improvisado, aunque no calmando a la afición. Una muestra de

respeto fue la retirada por parte de Miami Heat del dorsal 23 el 11 de abril de 2003 en honor a él, a pesar de no haber

jugado jamás un partido con la camiseta de los de Florida. En su partido final en el MCI Center, recibió un tributo del

Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que le obsequió la bandera izada en el Pentágono el 11 de septiembre de 2002,

un año después de los trágicos atentados. En el All-Star Game de 2003, Vince Carter le cedió su plaza en el quinteto

titular y la ceremonia del descanso fue dedicada a Jordan, completada con una actuación musical de Mariah Carey en

honor suyo.

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Filadelfia fue el escenario de su último encuentro como jugador de la NBA, el 16 de abril de 2003 ante los 76ers.

Jugando pocos minutos debido a la gran ventaja de los locales en el marcador, Jordan anotó 16 puntos. En los minutos

finales del partido, Jordan entró de nuevo en juego, después de que el público de Filadelfia cantara “queremos a

Michael”. A falta de 1:44 para el final, Jordan anotó sus dos últimos tiros libres y se sentó tras una increíble ovación de

más de tres minutos de duración.

Jordan se retiró anotando 32.292 puntos en toda su carrera, solo superado por Kareem Abdul-Jabbar y Karl Malone en

toda la historia de la NBA.

Como cita Antoni Daimiel en su libro “El sueño de mi desvelo“: Que lástima no haber vivido su carrera con televisores de

Full HD. Ese fue un error de cálculo de Jordan, sin duda, no hacer coincidir sus vuelos y su estética de juego con la imagen

de la alta definición televisiva. Ese fue el jugador que debería haber servido para patentar el invento de los 1080 píxeles.

Al margen de sus logros deportivos, al margen de su impacto económico en el deporte, es imposible hablar de Michael

Jordan sin hablar de la marca más conocida a nivel mundial: Nike y de su marca propia, Jordan Brand.

A punto de dar el salto a la NBA, Jordan quería firmar con adidas, la marca que llevaba en la Universidad, y la que más

le gustaba por tradición. Pidió a su agente, David Falk, que negociara con ellos, pero Nike se adelantó a la marca de las

tres bandas, y en un movimiento sin precedentes, consiguió hacerse con los servicios de la futura estrella: crear una

línea de zapatillas y ropa propias, algo muy arriesgado para un jugador que si, era muy bueno, pero no se sabía si

realmente llegaría a tener siquiera la mitad de impacto que finalmente tuvo.

Nike hizo unas zapatillas para él exclusivamente rojas y negras. Estaba prohibido en la NBA llevar deportivas con dos

tonalidades diferentes y provocó un enfrentamiento entre el comisionado David Stern y Nike, que acabó con multas

millonarias. El resto es historia, llegaron las Air Jordan, de las que ya vamos por el número 29 (XX9).

 

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El jugador 10, “Air” encarna como nadie el prototipo de deportista perfecto. Es difícil encontrarle defectos al juego del

mejor jugador de la historia del baloncesto. De hecho, es má fácil cualificar su arsenal de virtudes, de cualidades que le

llevaron a ser el más grande sobre el parquet.

Su mentalidad ganadora es prácticamente como un seguro de vida para su equipo. Tenía una brutal capacidad mental.

Siempre encontraba motivación a pesar de ser muy superior a sus rivales. Buscaba siempre nuevas barreras que batir, se

fabricaba sus enemigos para seguir compitiendo al máximo. Han existido pocos deportistas con más deseo de ganar que “MJ”.

EL “23” siempre intentó superarse a si mismo e innovar sobre la cancha. Su capacidad para hacer espectaculares rectificados

mientras volaba hacia el aro o mates de preciosa factura también contribuyó decisivamente a aumentar su fama. Además, supo

ir adaptando su físico para sacarle el máximo rendimiento a su físico para sacarle el máximo rendimiento a su juego.

Elevó el baloncesto a la categoría de arte.

Un jugador que en toda su carrera NBA sólo bajó de los 10 puntos en un encuentro, es un infalible productor de puntos.

Michael Jordan anotaba casi de cualquier manera y en cualquier posición, y fue mejorando si tiro exterior cuando le costaba

más penetrar por su físico. Su “signature move”; la media vuelta en suspensión, es una de las imágenes que definen a la NBA.

“His Airness” combinó como nadie la excelencia en el ataque y la defensa, siendo un durísimo marcador para cualquiera de sus

rivales, a los que desesperaba con su concentración estrema para presionar y robarles balones. Estar emparejado con él era un

auténtico infierno, ya que solía mostrarse muy superior en ambos lados de la cancha, algo muy frustrante.

Jordan se manejaba con maestría con casi todos los aspectos del juego. No en vano, durante sus primeras campañas en Chicago

lideraba casi todas las estadísticas individuales de la franquicia. Era un anotador incansable, un durísimo defensor, un asistente

consumado, un gran “ladrón” y también aportaba en el rebote.

Muchos no recuerdan, pero Jordan fue un jugador muy físico. Era muy fuerte, potente y veloz para jugar de escolta, algo que

aprovechó especialmente cuando llevaba a sus defensores al poste. En sus primeros años en la Liga su explosividad le hacía

imparable.

La ficha:

Nombre: Michael Jeffrey Jordan

Nacimiento: 17/02/1963 en Nueva York (Estados Unidos)

Posición: Escolta

Estatura: 1,98m.

Universidad: North Caroline

Draft: 1984/ 3º(Chicago Bulls)

Trayectoria:

-1984/93 -1994/98. Chicago Bulls

2001/03. Washington Wizards

Palmarés:

– 6 títulos NBA

– 5 MVPs

– 6 MVPs de las Finales

– 3 MVPs del “All-Star”

– 10 presencias en el mejor quinteto de la NBA

– 9 presencias en el mejor quinteto defensivo de la NBA

-14 presencias en el “All-Star Game”

– 2 veces ganador del concurso de mates del “All-Star Weekend”

– 1 premio al mejor defensor de la temporada

– 1 vez “rookie” del año

– 1 campeonato NCAA

– 2 medallas de oro olímpicas

Estadísticas:

– Puntos totales: 32.292

– Puntos de media: 30,1

– Rebotes totales: 5.004

– Rebotes de media: 6,2

-Asistencias totales: 5.633

– Asistencias de media: 5,3

 

 

Toda una generación de jugadores se ha mirado en el espejo de Michael jordan, quizás el que más se ha acercado es Kobe Bryant

aunque nunca ha conseguido ser capaz de ser el lider de equipo que fue Jordan.

Como decia una ranchera <<pero sigo siendo el rey>>, Jordan es y será por muchos años el mejor deportista de la historia.

 

Algunas de las citas más importantes y recordadas de Michael “Air” Jordan:

  • Puedo aceptar el fracaso, pero no puedo aceptar no intentarlo.
  • He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para tomar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito.
  • Nunca pienso en las consecuencias de fallar un gran tiro … cuando se piensa en las consecuencias, se esta pensando en un resultado negativo.
  • Juego para ganar, durante las practicas o en un juego real, y no voy a dejar nada en el camino, de mi o mi entusiasmo para ganar.
  • Si aceptas las expectativas de los demás, especialmente las negativas, entonces nunca cambiaras el resultado.
  • Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pasara, otras hacen que suceda.
  • El talento gana juegos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia gana campeonatos.
  • Para tener éxito hay que ser egoísta, o nunca lo lograras. Y cuando llegues a tu nivel mas alto, entonces hay que ser desinteresado. Mantente accesible. Mantente en contacto. No te aisles.
  •  Siempre he creído que si trabajas, los resultados vendrán solos. No hago las cosas a medias, porque sé que si lo hago entonces solo puedo esperar tener resultados a medias.
  • Mi actitud es tal que, si me empujas hacia algo que piensas es una debilidad, entonces daré vuelta esa debilidad percibida y la convertiré en una fortaleza.
  • Paso a paso. No concibo ninguna otra manera para lograr las cosas.
  • “He fallado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito”
  • Mis héroes son y fueron mis padres, no me imagino teniendo a otras personas como héroes.

 

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