La definición clínica de obesidad se marca dependiendo del Índice de Masa Corporal (IMC), el IMC es la división del peso en kilogramos entre la altura en centímetros al cuadrado.

La obesidad se define como el aumento del tejido adiposo; sin embargo esta definición es simplista y excluye las causas y complicaciones, por lo que es necesario definirla como una enfermedad crónica multifactorial compleja infundida por factores genéticos, fisiológicos, metabólicos, celulares, moleculares, sociales y culturales, y que se caracteriza por el aumento del tejido adiposo.

La obesidad debe diferenciarse del sobrepeso. Este último es cuando el peso corporal excede al peso de referencia del individuo en relación con su altura. Se pueden tener casos concretos en los cuales los deportistas o fisicoculturistas puedan tener un peso mayor al de su altura y no por ello tener exceso de grasa, por los que los criterios de la definición del sobrepeso no necesariamente se ajustan a todas las personas.

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Como todos los parámetros establecidos en medicina es difícil decir lo que es normal para una población determinada y, en este caso específico, definir cuál es el peso “ideal” o sugerido para una persona en una población determinada, no es siempre tarea fácil, sobre todo si no se cuenta con parámetros de referencia de esa población.

Por lo general la obesidad se define de acuerdo con el peso sugerido para la talla, el sexo y la edad del sujeto. Algunas otras definiciones, se basan en el exceso de peso marcado en las tablas antropométricas.

El índice de masa corporal (IMC) es otro valor que se usa para determinar la obesidad, aunque tiene como limitación no expresar la cantidad ni la distribución de la grasa corporal, tampoco distingue entre los diversos comportamientos corporales (músculo esquelético, hueso, grasa u órganos vitales).

 

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La salud como un patrimonio individual

La pérdida de salud conlleva una serie de alteraciones en distintos ámbitos. En particular, las enfermedades crónicas se caracterizan por un deterioro progresivo como consecuencia de complicaciones discapacitantes o mortales. El individuo enfermo es menos productivo y con ello contribuye al detrimento paulatino de la economía familiar, tanto por el ausentismo laboral y eventualmente el desempleo, como por el incremento en el gasto familiar derivado de su tratamiento.

La Organización Mundial para la Salud (OMS) define la salud como el estado de bienestar físico, psicológico y social del individuo que permite un desarrollo armónico del mismo. De acuerdo con esta definición de la salud debe ser considerada un patrimonio individual, esto es, un bien único que debe preservarse.

En este sentido las acciones de los gobiernos y la sociedad deben orientarse a la prevención de enfermedades comunes con características de epidemia, como la obesidad. Sin embargo ¿Cómo prevenir y controlar una enfermedad que no es considerada una entidad patológica por si misma?

La obesidad es una alteración metabólica que se asocia a enfermedades graves como la diabetes de tipo 2, la hipertensión arterial y la enfermedad arterial coronaria. A pesar de que la obesidad es uno de los principales factores de riesgo para estas entidades, rara vez se considera como una enfermedad por sí misma. Algunas razones para esta apreciación son:

  • La variedad y complejidad de las causas que lo originan
  • El escaso conocimiento sobre los mecanismos fisiopatológicos implicados
  • La alta prevalencia de obesidad entre la población infantil y adulta, lo cual lleva a percibir a esta entidad como una característica “frecuente o común”
  • La poca información que tiene la población en general sobre los efectos adversos de la obesidad.

 

Clasificación de la obesidad según su causa:

       1.Síndrome neuroendocrino: Es producida por enfermedades de tipo nervioso como pueden ser: hipoactividad, alteraciones psicológicas, depresión, etc. Lo que produce esta obesidad es un desorden del sistema nervioso central que altera los mecanismos de saciedad o los mecanismos termorreguladores.

  • Síndrome hipotalámico
  • Hipotiroidismo
  • Síndrome de ovario poliquístico
  • Síndrome de Cushing
  • Hipogonadismo

 

       2.Yatrogena: 

Este tipo de obesidad se produce por el acumulo de grasas que hay cuando al paciente se le administra un tratamiento con fármacos como los corticoides, antidepresivos y los antituberculosos.

  • Fármacos
  • Intervención quirúrgica hipotalámica

 

       3.Desequilibrio nutricional:

Es la obesidad más común, y se debe a un fallo en el ajuste de la saciedad, lo que significa que la persona nunca está satisfecha y necesita ingerir más alimentos. Por otro lado el organismo lucha por mantener un peso muy elevado, de manera errónea, por que considera que es un peso normal.

 Esta obesidad se debe al abuso de alimentos con muchas calorías, como la comida rápida, unido a un estilo de vida sedentario.

  • Dietas de cafetería
  • Dietas ricas en grasas

     

       4.Inactividad física:

  • Sedentarismo
  • Forzada
  • Envejecimiento pasivo

      

       5.Obesidad genética:

Prácticamente todas las obesidades que nos encontramos tienen en mayor o menor medida un condicionamiento genético. La obesidad por herencia genética es una de las más comunes.

  • Recesiva, autosómica
  • Ligada al cromosoma X

    

       6.Factor socio-económico:

  • Según nivel adquisitivo (generalmente los alimentos con mayor contenido de carbohidratos y grasas son los más económicos, por no hablar de la “comida chatarra”, snacks, chocolate con grasas hidrogenadas, etc. Las familias con menos recursos han sustituido alimentos como frutas y verduras por otros con más calorías, según un estudio de la OCDE.

 

Prevención de la obesidad

La alta prevalencia de la obesidad es una realidad en los países industrializados y en los que están en vías de desarrollo. La información disponible indica un aumento acelerado del problema que de no contenerse, puede tener repercusiones importantes en los indicadores de salud de muchos países incluyendo el nuestro (España). Es preocupante que a pesar de la gran cantidad de investigadores e intervenciones realizadas en otros países para prevenir y combatir la obesidad, particularmente en la infancia, aún no se cuenta con una estrategia idónea, aplicable a cualquier contexto. La importancia de la prevención de la obesidad radica en su naturaleza de enfermedad incurable y los riesgos que implica. Se ha sugerido que la obesidad debe tratarse de forma similar a otras enfermedades incurables como el alcoholismo y el tabaquismo, donde la eliminación total del alcohol y del tabaco es un aspecto fundamental del tratamiento. El manejo de la obesidad es más complejo debido a que no es posible eliminar los alimentos del entorno de la persona obesa.

La obesidad se desarrolla con el tiempo y una vez instaurada es irreversible y difícil de tratar. Además, las consecuencias de la enfermedad se deben al estrés metabólico y físico ocasionado por el exceso de peso crónico. Las consecuencias de la obesidad, como las cardiopatías, la resistencia a la insulina, la diabetes de tipo2, entre otras, pueden no ser reversibles en algunos pacientes, incluso a pesar de la pérdida de peso. Por otra parte, España ocupa un puesto entre los quince primeros países del mundo en obesos, así que desde un enfoque poblacional, los recursos destinados por el Estado son insuficientes para ofrecer tratamiento a todos los afectados (empezando por algo como que los dietistas-nutricionistas no estén incluidos en la Seguridad Social).

El alto coste socio-económico de la obesidad, es la limitante más importante para lograr atención integral a nivel nacional. En otras palabras, si se previene la obesidad, se abatirán los costes de atención de pacientes con enfermedades cardiovasculares o con diabetes que hoy en día representan las primeras causas de mortalidad en adultos. De ahí la importancia de concentrar los recursos en actividades de prevención y promoción de la salud.

Actualmente, una proporción de la población infantil y adolescente en España tiene sobrepeso u obesidad. Según un estudio de la OCDE, en España uno de cada seis adultos padece sobrepeso (incluyendo obesidad). Superando la tasa media en comparación con la media de la OCDE, la tasa de obesidad en España era de un 16,6% en 2012 y la media de la OCDE era el 15%.

Por otra parte, el informe resalta que las tasas de sobrepeso infantil en España también son altas en comparación con la media de la OCDE. Según los datos recogidos, el 26% de los niños y el 24% de las niñas tienen sobrepeso en España, un porcentaje superior a la media de los países de la OCDE (23% en niños y 21% en niñas). También recordaban que “las consecuencias sociales y económicas de esta epidemia son dramáticas, ya que se exponen a un creciente número de personas a enfermedades crónicas como la diabetes, las del corazón y el cáncer”.

Además de acuerdo a las tendencias que muestran las encuestas nacionales e internacionales de los últimos años, la prevalencia va en aumento.

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La obesidad se da por acumulación de factores de riesgo a lo largo del espectro de la vida. Algunas de las estrategias de prevención en cada una de las etapas vitales son las siguientes:

  • En la vida fetal: Prevenir la nutrición materna inadecuada, sea deficiente o excesiva y el bajo peso al nacimiento.
  • En la infancia: Promover la lactancia materna, y los esquemas de ablactación adecuados y oportunos; prevenir las infecciones y la desnutrición proteico-energética, vigilar la velocidad de crecimiento, promover la actividad física y los hábitos alimentarios correctos donde el consumo de frutas y verduras sea un elemento central y fomentar el desarrollo de una autoestima adecuado.
  • En la adolescencia: Promover la actividad física y evitar el sedentarismo; promover hábitos alimentarios adecuados, en particular el consumo de frutas y verduras y prevenir el tabaquismo y el consumo de alcohol.
  • En la edad adulta: Promover la vida activa y la alimentación correcta; prevenir el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol, promover la vigilancia de la salud: peso, tensión arterial, glucosa, lípidos sanguíneos, atender oportunamente las alteraciones de ésta.

 

De lo anterior surge una pregunta ¿La responsabilidad en el mantenimiento de un peso corporal saludable y la consecuente prevención de la obesidad, es individual o compartida? Está claro que cada individuo decide lo que va a comer de acuerdo con sus posibilidades y si va a incrementar su actividad física. Así, los individuos podrían beneficiarse notablemente por cambios en el ambiente que les faciliten un estilo de vida saludable. De esta forma es posible apoyar las decisiones y el esfuerzo individual con programas de promoción de la salud y de educación. Los logros serán todavía mayores si al mismo tiempo se efectúan cambios ambientales que apoyen el consumo de alimentaciones correctas y la vida activa. La bondad del enfoque ambiental radica y su cambio equivale a varias decisiones diarias por un gran número de individuos, donde se tiene un alcance mayor, más sostenible y con menor coste a largo plazo. Esto es particularmente importante para comunidades de bajos recursos donde se concentra el riesgo de obesidad.

Dentro de la responsabilidad compartida, la prevención de la obesidad debe darse en distintos niveles, desde el individual hasta el legislativo. El sistema de salud debe tener un papel crucial en la promoción de la salud y la prevención de la obesidad, a través de la orientación al personal y a los usuarios en los distintos temas centrales como la promoción de lactancia materna, la vigilancia del crecimiento, la promoción de una alimentación correcta y de una vida activa.

La prevención debe ser una estrategia prioritaria de salud pública que debe iniciarse en la infancia, continuarse a lo largo de la vida y tener la participación activa y comprometida del personal de salud junto con otros sectores de la sociedad. Vale la pena insistir que cuanto más temprano sea su inicio, los beneficios a corto, medio y largo plazo serán más importantes, evidentes y eficaces.

 

Problemas de la práctica clínica:

El listado de los problemas que la obesidad plantea en la práctica clínica es grande, lo que deja en claro la necesidad de investigaciones y cambios en las estrategias de atención de estos padecimientos. En mi opinión los problemas más sobresalientes son:

  1. Ausencia de un lenguaje y objetivo comunes entre el trabajador de la salud y el paciente. Las preocupaciones médicas frente a la obesidad están claramente definida y sistematizadas. El proceso a través del cual se llegó a esta información validada ha sido prolongado y data de al menos las últimas dos décadas. Un número creciente de médicos y dietistas-nutricionistas hacen prescripciones farmacológicas y nutricionales respectivamente, sin tener, en general, estrategias de motivación y sin la visión de un programa psicoeducativo que facilite al paciente alcanzar los cambios de conducta que requiere para controlar su padecimiento. Por otra parte los pacientes tienen expectativas poco realistas: fármacos pero con la expectativa de curación, para así poder regresar a sus hábitos. La noción de control como un proceso que requiere atención y conductas saludables por tiempo indefinido no resulta atractiva. En el caso concreto de la obesidad con mucha frecuencia las expectativas son fundamentalmente estéticas y de aceptación por los otros- pareja, familia, grupo social.
  2. Infraestructura inadecuada en la mayoría de los consultorios e Instituciones. La infraestructura material que se requiere para atender adecuadamente a estos pacientes no es especializada ni particularmente costosa. A pesar de ello hay carencias en infraestructura.
  3. Propuestas terapéuticas que surgen de conocimiento generalizado en fechas recientes, por grupos interdisciplinarios, Esto determina que en la actualidad la mayoría de los médicos, dietistas-nutricionistas, psicólogos y otros trabajadores de la salud no estén adecuadamente capacitados para comprender y contender con estos padecimientos. Los programas universitarios a nivel licenciatura no hacen énfasis necesario en ellos.
  4. Elevados costes de la atención. La cronicidad de estos padecimientos causa costes permanentes para el paciente y para los servicios de salud. La necesidad de una alimentación correcta- la que con frecuencia es más costosa que las comidas a las que muchos pacientes tienen acceso- y la actividad física- que se requiere de tiempo para su realización- son un gran obstáculo para el tratamiento, porque de una u otra manera implican costes para el paciente. Peor aún es la situación cuando el paciente requiere medicamentos que él mismo tiene que comprar. En las instituciones de salud la atención de estos pacientes es costosa. Requieren citas frecuentes y exámenes para evaluar la evolución de la obesidad y sus comorbilidades.
  5. Ausencia de propuestas médicas que determinen cambios que el paciente perciba con claridad en el corto plazo. Tanto en pacientes con obesidad como en pacientes con sobrepeso, el tratamiento no produce sensaciones de beneficio evidente. Esto contrasta con las grandes expectativas que suelen tener. La pérdida de peso lograda dista de ser la deseada. La reducción en cifras de tensión arterial y lípidos no necesariamente da bienestar y de hecho pueden presentarse efectos adversos. Distintos informes muestran que aun cuando el paciente reciba de manera puntual y gratuita sus medicamentos, la toma de los mismos disminuye más allá de lo aceptable con el paso del tiempo. La adherencia a los tratamientos es muy pobre.
  6. Oferta de soluciones sin esfuerzo y productos milagros. El efecto nocivo de estas ofertas no se ha podido evaluar. Queda la impresión en los expertos que el daño es grande y que las estrategias publicitarias de estos productos suelen ser más efectivas que las utilizadas por el personal de la salud para motivar a los pacientes. La evolución cuidadosa de la metodología empleada por la industria para transmitir mensajes persuasivos conducirá a la implementación exitosa de campañas de prevención en la población.
  7. Alta prevalencia de estos padecimientos. La elevada prevalencia de la obesidad, hace necesario que los médicos generales, la mayoría de los médicos especialistas, los dietistas-nutricionistas y los psicólogos estén familiarizados con las estrategias generales de su tratamiento. Esta competencia profesional- y peor aún el interés por parte de muchos de estos trabajadores de la salud- dista de ser una realidad y tienen que ser fomentada.

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La obesidad se ha incrementado en toda la población. Es necesario considerar las particularidades de ciertos grupos poblacionales que por sus características y situación particular, son especialmente vulnerables a la obesidad, entre ellos, los niños, las mujeres y aquellos en situación de pobreza.

Población infantil

Es frecuente que en niños y adolescentes el sobrepeso pase de inadvertido por sus padres e incluso por el médico que vigila su estado de salud que aun cuando la obesidad exista, no se le dé suficiente importancia, debido a que erróneamente puede ser considerada como un estado transitorio e inherente a los primeros años de vida incluso normal.

La causa más frecuente de sobrepeso y obesidad es la combinación de las siguientes condiciones:

  1. Presencia de variaciones genéticas responsables de la susceptibilidad a padecer obesidad.
  2. Pérdida de balance entre la ingestión de energía y el gasto que se produce con el ejercicio. Es nuestra sociedad, esta condición se ve frecuentemente favorecida por permitir que los niños consuman alimentos ricos en energía y grasas totales.
  3. Falta de actividades deportivas de mediano y alto gasto energético de manera regular, es decir, tres o más veces por semana.
  4. Realización de actividades sedentarias por más de tres horas al día, tareas escolares, televisión, jugar con las videoconsolas, etc.

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Por eso es necesario establecer estrategias adecuadas que permitan en su conjunto prevenir el sobrepeso y la obesidad para lo cual se plantean las siguientes medidas:

  • Capacitar a las familias y personal de los servicios de salud sobre la manera correcta de determinar el peso adecuado para la estatura.
  • Reconocer que la obesidad es una enfermedad que puede padecerse a cualquier edad.
  • Informar a la comunidad sobre la forma de prevenirlo.
  • Educar a la comunidad para llevar un estilo de vida saludable mediante el consumo de una alimentación correcta, la realización de actividad física casi todos los días de la semana y reducir las actividades sedentarias.
  • Promover que en las escuelas se expendan y se consuman alimentos bajos de energía, grasas, azúcares simples y sal y se destinen espacios adecuados para la realización diaria de actividad física durante por lo menos 30 minutos.
  • Habilitar espacios públicos y adecuados para realizar actividades deportivas o recreativas no sedentarias.
  • Regular la información sobre alimentos y bebidas industrializadas en las horas de televisión y radio dedicadas al público infantil.
  • Vigilar la oferta de alimentos y bebidas industrializadas en cuanto al tamaño de las porciones y el contenido energético.

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La mujer

La mayor prevalencia de la obesidad en las mujeres es producto de características biológicas y psicológicas así como de situaciones sociales.

  • Factores biológicos:  en comparación con los hombres, el mayor porcentaje de masa grasa en las mujeres determina un gasto energético menor por kilogramo de peso, lo que hace más difícil perder el sobrepeso ganado. Los embarazos favorecen la obesidad, como lo sugieren los datos que muestran una asociación entre el número de embarazos y el desarrollo de obesidad. La menopausia tiene efectos desfavorables en la descomposición corporal que conduce a un aumento de la obesidad entre los 40 y 60 años, particularmente si no se hacen ajustes necesarios en el balance energético.
  • Factores psicológicos: las mujeres tienen prevalencia de trastornos de la conducta alimentaria. Algunos estudios muestran mayor prevalencia de depresión y ansiedad entre las mujeres con obesidad. Estos factores psicológicos son a la vez causa y consecuencia de la obesidad.
  • Efecto ambiente: El ambiente “obesogénico” puede tener mayor efecto en las mujeres porque las porciones que ingieren son habitualmente superiores a sus necesidades, ya que sus requerimientos energéticos son menores a los de los hombres por su fenotipo y su nivel de actividad.

 

Tratamiento de la obesidad o sobrepeso en la mujer:

Algunos hechos sugieren que la obesidad en las mujeres tiene efectos más desfavorables que en los hombre, particularmente en lo referente a riesgo cardiovascular.

Respecto a las consecuencias, se concluye que las repercusiones psicosociales y económicas negativas de la obesidad afectar mayormente a las mujeres.

Hay evidencias de que las estrategias de tratamiento de la obesidad en las mujeres requieren tácticas puntuales de motivación a fin de promover una mejor adherencia y lograr el éxito terapéutico.

 

Población en situación de pobreza

A la vez que existe desnutrición en esta población y deficiencia de nutrientes específicos, la obesidad es cada vez más frecuente. Lo grave es que en ocasiones, en una misma familia coexisten la desnutrición y la obesidad, pues puede haber una madre obesa con un hijo pequeño desnutrido.

La obesidad en la gente pobre ocurre por distintos mecanismos. Basta decir que los sobrevivientes de la desnutrición infantil son particularmente susceptibles a desarrollar obesidad, síndrome metabólico y otras enfermedades crónicas en la vida adulta. Esto es particularmente relevante en niños que sobreviven a la desnutrición y que posteriormente tienen un crecimiento más acelerado.

La alimentación característica de la población en situación de pobreza se caracteriza por ser de alta densidad energética y de baja densidad de nutrientes, ya que aportan mayor volumen, saciedad y palatabilidad a un menor coste. Son alimentaciones en las que predominan productos ricos en hidratos de carbono y lípidos, tradicionalmente no perecederos y escasea la verdura y la fruta. Además los alimentos de origen animal son de mayor coste y son perecederos. La alimentación basada en alta densidad energética puede llegar a aportar energía en cantidades considerablemente superiores de las que se requiere.

 

En el cuidado de la salud, la información puede hacer toda la diferencia. El tema de la obesidad ha transcendido el territorio de los investigadores, los académicos y los prestadores de servicios de la salud, y parece ser tema del dominio de la población general. Esto se debe a que la obesidad se ha vuelto un problema de salud pública en nuestro país y empieza a ser percibido como tal por la población.

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Actualmente, el acceso a la información es casi irrestricto. Cualquier persona interesada puede acceder en segundos a grandes cantidades de información. Desafortunadamente, no toda la información disponible es seria, verídica, ni está científicamente respaldada. Esto ha generado gran desconcierto en la población al recibir información confusa, desarticulada y con frecuencia incorrecta.

Es obligación o al menos debería serlo, que los servicios de salud proporcionen a la población información con respaldo científico, actualizada, de fácil comprensión. Lo que se requiere es, información práctica que puntualice el problema de la obesidad, sus riesgos, sus estrategias de prevención y las consecuencias a nivel individual, familiar y social si no se toman las acciones necesarias para prevenirla o combatirla. La información que se proporcione debe indicar el “que”, pero también el “como”. No es útil decir a la población que debe mantenerse en un peso saludable, es necesario decirle cómo lograrlo. De nada servirá decirle que consuma más frutas y verduras; es necesario darle información de cómo optimizar sus recursos para adquirirlas baratas y frescas, con un óptimo contenido de nutrientes, es necesario proporcionarle información de cómo prepararlas para que sean apetecibles y conserven sus propiedades.

A través de la educación se podrá transmitir lo que se sabe, ya que ésta permite que las personas piensen por sí mismas, tomen sus decisiones y se fijen sus propios objetivos de acuerdo con sus circunstancias.

En la información que se dé a los pacientes, se debe hablar siempre de ganancias y no de pérdidas, en un lenguaje claro, que resuelva dudas sin dar por hecho que la gente comprende con tan sólo una instrucción. Se debe adaptar la información a la persona y no al revés.

Proporcionar al paciente una base teórica y práctica para la comprensión y para afrontar las consecuencias de la enfermedad le permitirá colaborar de forma activa con el equipo en todos los aspectos de su tratamiento.

Al transmitir lo que se sabe se promoverá que la situación sea aceptada, se le dará sentido a la información, se logrará moderar la angustia generada a partir del desconocimiento, desinformación o de ambos, se desarrollaran estrategias más adaptadas y saludables para afrontar eficazmente los síntomas y se podrá detectar la recurrencia de las recaídas.

 

Surge la necesidad de un nuevo modelo de atención. El modelo vigente y el ejercicio que deriva de él no han logrado detener el aumento de la prevalencia de la obesidad. Tanto la prevención como el tratamiento de la obesidad requieren estrategias complejas para las que no están preparadas ni las instituciones ni los trabajadores del mundo de la salud, ni los pacientes.

El trabajador de la salud (dietistas-nutricionistas, endocrinos, médicos, etc.) tiene que convertirse en un promotor de conductas saludables. Para ello, frecuentemente, tendría que ser él mismo, el primero en cambiar su estilo de vida. El paciente tendrá que categorizar mejor sus prioridades para poder atender adecuadamente las necesidades de su cuerpo.

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La construcción de un nuevo modelo de salud vislumbra como un proceso lento que requiere procesos educativos en todos los niveles sobre el tema de la obesidad y sus consecuencias en la salud. Para la sociedad en general y los individuos en riesgo elevado o ya afectados por la obesidad se requieren la difusión de información y la elaboración de programas educativos permanentes. Los programas de estudio y todos los cursos de educación continuada, dirigidos a los trabajadores de la salud, deben incluir como elemento principal los temas relacionados con la prevención y tratamiento de estas entidades.

Es evidente la responsabilidad del gobierno como impulsor de la creación de un mejor modelo de atención de estos padecimientos. Son insuficientes las instalaciones y los grupos que trabajan en la investigación, prevención y tratamiento de la obesidad (además están mal remunerados en comparación con otros países). Impulsar el desarrollo de los mismos bajo una adecuada coordinación es una necesidad urgente. La construcción de un ambiente más saludable tiene que ser una acción concertada, teniendo como principales agentes un gobierno preocupado y activo frente a una sociedad debidamente informada.

Todos los profesionales de la salud y los relacionados con ella sabemos que la obesidad es una enfermedad crónica recidivante, costosa, que requiere una educación constante y que se acompaña de instrucciones respecto a la modificación del estilo de vida, como cambios en la forma de comer, un plan de ejercicios, administración de medicamentos, saboteo familiar, frustraciones, mentiras, necesidad de magia, cansancio, abandono de tratamiento, etcétera.

Es por ello que además de la necesidad de generar un nuevo modelo de tratamiento que logre el objetivo, también se debe cambiar la mentalidad del paciente en relación con su problema y construir la infraestructura médica, emocional y social que permita que el paciente obeso logre lo que se propone.

Un paciente puede tener obesidad mórbida y sufrir las complicaciones médicas mayores que conlleva, pero no estar preparado para hacer un compromiso de cambio en su estilo de vida que lo conduzca a la reducción de peso. El profesional de la salud también debe determinar el momento adecuado para que el paciente pierda peso. La pérdida de peso requiere concentración y esfuerzo sostenidos; sin embargo, estos pueden ser estropeados por la ocurrencia de estresores en la vida, como puede ser un cambio de empleo, problemas económicos, enfermedad de algún familiar, entre otros. Si el paciente siente que es incapaz de apegarse al tratamiento, se debería esperar hasta que sus circunstancias de vida mejoren. Porque si no en vez de disminuir de peso lo acercaremos a una ganancia de peso de nuevo.

Para evaluar la disposición al cambio que tiene cada paciente, es necesario identificar si se manifiestan ambivalencias y resistencias ante el tratamiento o si el paciente no está motivado. Prochascka, Diclemente y Norcross, propusieron un modelo de los niveles de motivación en los pacientes con trastornos de alimentación.

 

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Hay que recordar que las enfermedades crónicas deben ser tratadas con paciencia y no sólo prescribir un medicamento y esperar que éste haga efecto. Estamos frente a personas que tienen un padecimiento incurable, con recaídas frecuentes, con aparición de complicaciones y con un tratamiento que no convence, y no por ser un planteamiento erróneo, sino porque el cambio en el estilo de vida es responsabilidad total del paciente y de su familia. Los cambios en la alimentación y en la actividad física son la clave del éxito. ¿Pero quién logra perder peso y mantener el éxito?

Todo lo anterior me lleva a la necesidad de reconocer, diagnosticar, dar tratamiento y el seguimiento al paciente obeso considerando los puntos mencionados, para generar nuevas estrategias de intervención y crear “nuevos pacientes”.

Por ello recalco de nuevo que hay que incrementar la empatía entre profesional y paciente fomentar la conciencia de enfermedad, tanto al paciente como en su familia, reconocer las consecuencias positivas y negativas del tratamiento, reconocer las inconsistencias previas en los tratamientos previos y estimular al paciente para que adquiera un papel activo en su cambio de conducta.

En ningún tratamiento es más evidente la necesidad de empatía y de expectativas realistas que en el desafío de mantener la pérdida de peso.

Hacer énfasis en los beneficios de las conductas de pérdida de peso, disminuir los pretextos para realizar ejercicio, incrementar la seguridad de poder elegir alimentos bajos en grasas, mejorar las herramientas para utilizar etiquetas de alimentos, educar a los pacientes sobre las expectativas del tratamiento, describir los riesgos y beneficios del procedimiento, son estrategias que se pueden utilizar en la preparación del paciente obeso para iniciar un nuevo estilo de vida.

 

¿Por qué fracasan las dietas?

Por varios motivos, en primer lugar por la asociación negativa que ejerce la palabra “dieta” , odio la palabra dieta, suelo referirme a ella como alimentación de un tipo u otro (mediterránea, citogénica, evolutiva, etcétera) simplemente. La palabra dieta lleva  asociadas cosas negativas que hay que cambiar; por ejemplo, sacrificio, restricciones, comer lechuga y pollo, verduras poco sabrosas, dejar de comer, comidas poco sabrosas, etc.

Como he mencionado anteriormente, aquí radica el trabajo y metodología de los profesionales de la salud, hay que evaluar si el paciente esta preparado emocionalmente para aguantar el esfuerzo y tener paciencia que esto supone, evaluar el tipo de alimentación que se ajusta mejor a sus gustos dentro de la alimentación correspondiente, lo que quiero decir; es que no todo el mundo puede seguir el mismo tipo de alimentación, depende de los objetivos y de como sea la persona, no todo el mundo puede seguir una alimentación tan monótona como las personas del mundo del fitness. Hay que enseñarles opciones para cocinar las verduras para que sean mas apetecibles con recetas variadas, que aprendan el papel que tiene sus nutrientes en cada comida, sacarlos de la rutina y por supuesto de la zona de confort a través de la actividad física y actividades recreativas no sedentarias.

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La Industria y la Obesidad

“Es hora de dejar de acusar a los individuos por tener sobrepeso o ser obesos -.
El problema real es que hemos creado un mundo donde la comida está siempre
disponible y donde está elaborada para hacer que uno quiera comer más.
Para millones de personas la comida moderna simplemente es imposible de resistir.”
                    David Kessler

 

Es evidente la presión de la Industria para consumir.Del 80% de la comida consumida en los países desarrollados es procesada por la industria  alimentaria y el 60% de esta comida es consumida fuera de casa. Por consiguiente la Industria  Alimentaria juega un rol muy  importante en el incremento  de la obesidad.

En EU sólo el 38% de las comidas son hechas en casa y la mayoría no cocina con ingredientes básicos. El consumo de comidas fuera de casa se asocia con:consumo de mayor número de calorías, de grasa total y  saturadas, de azúcar y sal, y poco contenido de frutas,vegetales, fibra y vitaminas.

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En promedio una comida en los restaurantes proporcionan entre 1000 a 2000 kcal y el tamaño de las porciones está incrementado.

La tendencia al consumo de raciones grandes de comida, el ánimo al sobreconsumo y la alta ingesta de comida rápida están asociados con el incremento obesidad.

„„ La industria alimentaria  de los restaurantes busca fundamentalmente incrementar sus ventas y sus ganancias , que haya seguridad en la comida y  poca laboriosidad en su preparación.Las comidas saludables no son de alta demanda, dejan poco margen de ganancia, son más laboriosas por ello los restaurantes no adicionan mayormente estas opciones en sus ofertas.

Es importante por ello que la industria alimentaria desarrolle estrategias efectivas para favorecer los hábitos alimenticios saludables en la comunidad.

Singapur se ha logrado reducir algunos factores de riesgo cardiovascular y la obesidad en niños mediante un programa de intervención nacional. Sin embargo la posibilidad de desarrollar programa de intervención de este tipo en muchos países es bastante limitada por las leyes y normas de comercio asociadas con la globalización.

Los productos que más comúnmente se agregan a estos alimentos, son azúcar, sal, grasas y aceites: la comida dulce y grasosa es agradable y su consumo es  en mayor cantidad porque enmascara la saciedad.

La globalización de la alimentación en los países en desarrollo ha traído un cambio en los productos alimenticios y una publicidad agresiva de la comida rápida que ha llevado a una expansión alarmante de la misma;  un ejemplo es Mc Donald’s.

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La publicidad global y la modulación sistémica del sabor, que hacen las grandes corporaciones transnacionales, son los pilares centrales globalización de la industria alimentaria.

Los estudios que patrocinan los productores de alimentos tienden a minimizar los problemas de salud asociados a sus productos. Si un estudio es financiado por la industria, puede estar más cerca de la publicidad que de la ciencia.

Una declaración de propiedades saludables en el etiquetado no significa necesariamente que sea un alimento saludable. Declaraciones de propiedades saludables, tales como ” cero grasas trans” o “contiene trigo integral” puede crear la falsa impresión de que un producto es saludable cuando no lo es. Mientras que las declaraciones pueden ser verdad, un producto no va a beneficiar la salud de tus hijos si también está cargado con sal, azúcar o grasas saturadas, si por ejemplo, carece de nutrientes y fibra u otro. Estas afirmaciones son distractores calorías, puesto que hacen que la gente se olvide de las calorías.

Es muy común que los productos pongan fotos de frutas o granos, en su etiqueta, haciéndonos creer que están hechos con ese producto, pero muchas veces, sus ingredientes distan mucho de las frutas o alimentos naturales, como concentrados o jarabe de maíz, por lo que es importante, revisar los ingredientes y no dejarnos llevar por la mercadotecnia

El rol de la Industria Alimentaria debe proporcionar  una clara consistente y honesta información nutricional de los productos alimenticios  que vende. Debe promover la educación nutricional a todo nivel. Debe crear productos alimenticios saludables, reformular los ya existentes haciéndolos más saludable.

Los fabricantes de comida chatarra gastan miles de millones en publicidad de alimentos no saludables para niños. Se trata de llegar a los niños a través de los medios de comunicación tradicionales y en Internet, así como en la publicidad de las tiendas y sorteos. La mayor parte de estos anuncios son de productos poco saludables con alto contenido de calorías, azúcar, grasa y sodio. Las promociones suelen utilizar personajes de dibujos animados o regalos gratis para atraer a los niños al redil de comida chatarra. En la tele solamente, el niño promedio ve alrededor de  15 anuncios de comida chatarra al día, que anuncian desde cereales con mucha azúcar para el desayuno, la comida rápida, hasta refrescos, golosinas y snacks. Compara eso con los menos de 100 anuncios televisivos que el niño ve al año para de los alimentos saludables como frutas, verduras, y agua embotelladas  y controlar el tamaño de las porciones. Y por supuesto debe acabar con la publicidad agresiva sobre todo la que se refiere a la población infantil.

No se puede culpar a la industria alimentaria de la reciente y preocupante epidemia de la obesidad totalmente, pero sin duda, es un factor muy importante, no obstante, la responsabilidad recae en nosotros, aprender a ignorar esta mercadotecnia y preocuparnos más por nuestra alimentación y salud.

La paradoja de la alimentación , vivimos en un mundo donde abunda la comida, sin embargo estamos sobrealimentados pero infranutridos.

 

Dar las gracias a los que han compartido su conocimiento conmigo para este artículo, a través de emails, a los que han divulgado esta información que yo recopilo aquí, a los dietistas-nutricionistas que han compartido su tiempo conmigo, a las personas con las que tuve el placer de sentarme en las Jornadas de Dietética sin patrocinadores en Valencia, algunas de las cosas de las que hablamos me han servido de inspiración. Y por supuesto a ti que lees estas líneas.

 

Lars Fernández.

 

 

Referencias

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